En otras culturas se enseña, como lo más natural, a sus mujeres a dar y obtener placer sexual, adiestrando sus músculos sexuales. Se ha descubierto que el ejercicio interno es el método fundamental para conseguir el orgasmo e incrementar notablemente el placer sexual de la hembra, además de ser vital para su salud.

La investigación científica sobre sexualidad rápidamente presenta pruebas que indican que una mujer puede aprender a controlar y experimentar una amplia variedad de orgasmos. Esta investigación es aplicable también al hombre, que puede llegar a ser multiorgásmico aprendiendo ciertos hechos y realizando un simple y placentero programa de ejercicios.

Tan importante como disfrutar el sexo con mayor plenitud, ó satisfacer más a la pareja, es saber que éstos ejercicios alivian múltiples aspectos sexuales comunes, como son el ayudar a evitar las histerectomías, así como facilitar los partos y acelerar la recuperación posterior, ayudan a educar a los niños que se orinan en la cama y a evitar en la vejez la falta de lubricación (vaginitis senil) y la necesidad de una terapia de sustitución hormonal.

Durante muchos años se estuvo hablando que el orgasmo femenino provenía esencialmente de la estimulación del clítoris, dándole a este sitio el principal foco de la excitación femenina. Sin embargo, descubrimientos hechos en la década pasada (años 80) se corroboraron informaciones antiguas que habían sido olvidadas por no haber tenido el rigor científico en sus investigaciones y haber sido asuntos aislados por el tabú reinante de las décadas anteriores. Y es así como nos encontramos con el descubrimiento del punto “G” ó músculo del amor, que es una zona erógena situada en la pared interior de la vagina, precisamente por debajo de la vejiga y a poco más de dos (2) centímetros detrás del hueso púbico. Este punto cuando se estimula directamente empieza a entumecerse y llega a desencadenar un orgasmo vaginal fisiológica y psicológicamente distinto del orgasmo clitórico que incluso en muchas ocasiones se acompaña de una eyaculación semejante al líquido seminal masculino en su composición química, pero no contiene esperma. Se han encontrado varias cosas interesantes con respecto a éste punto “G” , como es el hecho de que a muchas mujeres se les dificulta ser estimuladas en éste punto en posición supina la utilización del diafragma para el control de la natalidad, dificulta en algunas mujeres el estímulo del punto “G”, la creencia de que están orinando cuando en realidad están eyaculando crean en muchas mujeres turbación. Pensando lo mismo, sus compañeros a menudo las desprecian, lo cual constituye una de las razones de que muchas mujeres hayan aprendido a reprimir el orgasmo; la fuerza del músculo pubococcígeo de una mujer está directamente relacionado con su capacidad de alcanzar el orgasmo a través del acto sexual, las mujeres pueden aprender a reforzar sus músculos pubococcígeos o a relajarlos en caso de tensión excesiva. Si los hombres aumentan la fuerza de sus músculos pubococcígeos, también pueden alcanzar a tener orgasmos múltiples y a separar el orgasmo de la eyaculación. Hay varias clases de orgasmos en las mujeres y los hombres, en las primeras tenemos el orgasmo vulvar desencadenado por el clítoris, y el uterino desencadenado por el acto sexual y una combinación de ambos, en los hombres tenemos el orgasmo desencadenado por el miembro y otro desencadenado por la próstata.